viernes, 28 de agosto de 2009

REFLEXIÓN 1

Pisando bien de mierda de paloma, estoy a la sombra del madroño en Sol. Con mirada crítica te insta a observar el mundo cualquiera que se precie de saber sobre el arte de escribir. De hecho es una característica aplicable a muy diferentes artes.

La cuestión moral que se me plantea es saber hasta que punto se puede, o se debe obtener una distancia tal sobre un hecho, objeto o persona que te permita escribir sin reparo y si me apuras, sin llegar a conocer.

En frente estoy de un indigente. Un poco contrahecho, apocado. Su cuerpo enjuto está marcado por huesudas aristas que no hacen más que desvelar el volumen que algún día pudo tener. El cabello cano lo lleva enmarañado (no, esto último es una bobada de escritor), es sin duda por el fuerte viento que azota sobre nuestros tiritantes cuerpos. Lleva varios días sin afeitarse, y sus ojos revelan que en algún tiempo fueron de un azul intenso, vivo, un azul que se ha ido apagando junto con sus esperanzas hasta el más neutro de los grises (otra gilipollez de escritor).

Retomo mi reflexión.

Qué capacidad moral tenemos para situarnos a pocos metros de un personaje e intentar comprender o plasmar sus sueños, esperanzas o siquiera la fortuna o ausencia de la misma. Qué le ha llevado a compartir su lecho con el Km 0 de Madrid.

Tan cerca estoy, que soy capaz de percibir lo peleón del líquido que contiene su tetrabrik.

Hay que mirar y escuchar con una atención diferente el mundo que le rodea para ser capaz de captar una realidad y a su vez, plasmar algo que se puede parecer.

Me situo bajo el madroño y como un reportero de guerra busco el drama que me haga vender. Adjetivar este último como morbo sería caer en un pozo mucho más hondo y, aunque no falto de culpa, no merezco todo el castigo.

Encuentro a mi víctima.

No me doy cuenta, pero entre ambos desplego un biombo moral cuya finalidad es protegerme. Lo malo es que mi experiencia personal no puede crearlo tan grueso como el que crea el viejo vagabundo aislándose del vibrante mundo que le rodea.

Le veo pasar hambre, probablemente este enfermo, tose y da un trago a su caliente tinto el cual suaviza su áspera garganta y calienta sus entumecidos músculos.

En vez de compadecer, sentir y sobretodo intervenir, debo tener una experiencia sensible sobre la realidad que describe y fingir en un papel que me compadezco, que siento y dependiendo de la historia, que intervengo.

No vivo mal, tengo dinero y gente que me quiere, o al menos eso creo. Muchos de los escritores de la historia, ha pesar de algunos ejemplos de tormentosa vida, han sido acomodados bohemios que si a escribir se han dedicado, ha sido quizás por inquietud creativa.

Por lo tanto, la conclusión que me sobreviene es que el arte es cruel, cruelmente real. Su función es una representación aséptica y ficticia de una abrumadora realidad. Por lo tanto, la función de un artista, y no nos centramos únicamente en la de un escritor, es captar esta realidad de la misma manera que lo hace un reportero de documentales de naturaleza. Presentar un hecho, una verdad, una realidad de tal manera, que el espectador nunca se pregunta porque el reportero no interviene cuando el león da caza a la gacela.

miércoles, 26 de agosto de 2009

CON TACTO

CON TACTO

El corazón acelerado no se reflejaba en la sonrisa de ambos. Tras un silencio marcado por sus ojos claros él la dijo:

- Porque sé que tienes novio, si no tras invitarte a un cine, y quizás a una copa acompañada de insulsa charla que solo serviría para excitar el pulso de mis arterias, te haría el amor.

Pasaría toda la noche acariciando con las yemas de los dedos el perfume de tu cuerpo desnudo y te besaría suavemente solo para controlar mi desbocado corazón.

Solo intentaría expresar físicamente lo que siento cada vez que me sonríes. Simplemente amor.

Se quedó fija en sus ojos marrones. Huyó hacia la puerta de clase, se apoyó un segundo en el dintel, le volvió a mirar. Él la despidió con una sonrisa y ella con un rubor que revelaba que aquí no acabaría la historia.



jueves, 20 de agosto de 2009

The Monkey Island

TITULO ORIGINAL: The Monkey Island
DIRECTOR: Ron Gilbert
PRODUCTOR: LucasArts
MÚSICA: Michael Land
GENERO: Aventura Gráfica
AÑO DE LANZAMIENTO: 1990
PLATAFORMAS: pc



Creo que he dejado el suficiente espacio temporal como para que ahora podaís digerir otra obra maestra de los videojuegos.

Este título indispensable en la librería de cualquier buen aficionado es "The Monkey Island".

Aunque hacemos referencia a la primera entrega creada por la factoría LucasArts, esta mágica saga consta de 3 "capítulos" más publicados, y uno por publicar (sale el 07/08/2009), a cada cual más entretenido y disparatado.
En esta aventura gráfica ideada por el genio creador Ron Gilbert, encarnamos a Guybrush Threepwood, un joven imberbe que aparece en una playa del caribe con un solo deseo:


"¡Quiero ser pirata!"



Para conseguir este objetivo nos veremos envueltos en la más hilarante historia de pirátas. Caeremos a los piés de la hija del gobernador, Elain Marley y lucharemos a muerte contra el malvado pirata LeChuck, que atormenta los siete mares y a los pacíficos y bonachones piratas que en ellos habitan.

Si la idea de calzarse las botas de un aprendiz de pirata puede resultar divertida, lo es más en este videojuego en donde situaciones esperpénticas se mezclan con duelos de insultos, imposibles físicos y...

¡Una cabeza de mono gigante!



Creo que he bebido demasiado Grog, así que no os entretengo más y dejo que os deís a la intrépida búsqueda de este tesoro.








Debido a que es un juego antiguo (catalogado como abandonware), para poder jugar a el, debereís bajaros también un emulador, para cargar el juego a través de este programa y jugar sin problema. Os recomiendo el emulador Scumm. Es el que yo uso y funciona a la perfección. Claro, sencillo, en español y te permite jugar a todas estas viejas glorias, o por lo menos a las que yo guardo en mi inventario y de las que os ire contando cositas poco a poco.
Aunque no se debiera, si alguno tiene algún tipo de duda o se ve atrapado en una etapa del juego, no dudeís en consultar. Pero no me cansare de repetir, que a la hora de terminar el juego, la sensación no es la misma. Como la vida misma, lo bonito es conseguir las cosas por uno mismo ;) .



Debo también informaros que justo de esta primera entrega, se estrenó el 15 de Julio de 2009 un remake remasterizado. He estado cotilleando por ahí, y he de confesar que lo que he visto me ha gustado. La nueva versión siendo 100% fiel a la historia original, presenta un estilo gráfico impresionante, con lo que podreís disfrutar de la historia en alta resolución. Con un interface más intuitivo y dinámico te permitira navegar mejor por las opciones de la historia sin renunciar a un solo cm de los gráficos presentados en la pantalla.


Lo mejor, en cualquier momento del juego se podrá acceder a los gráficos originales y seguir jugando en el clásico.


Lo peor, el sistema de pistas que han introducido, mediante el cual, y si eres lo sufieciente pesado preguntando, a la tercera te llevan de la mano por el mundo de Monkey Island sin dejarte reinventar este clásico. Si es cierto que el uso de esta "herramienta" depende de cada jugador, pero como ya he aconsejado, no hay sensación equiparable a terminar una aventura gráfica de este estilo sin pedir ayuda, y claro, cuando uno está atascado, desesperado, con una vía de escape cerca..., la tentación es demasiado grande y sobre todo cercana.

De todas formas creo que no es excusa para invetir unos buenos cuartos en la compra de esta edición que te permitira disfrutar el "The Monkey Island".




martes, 18 de agosto de 2009

"campos de castilla" ;)

La sensación que desprende el sur de Estados Unidos ha sido siempre tan mística, que incluso uno puede percibir su peculiar aroma a través de los relatos escritos por los infinitos autores que se han visto arrastrados a las mágicas entrañas de esta tierra, estancada en cierta manera en un tiempo paralelo, independiente del resto del mundo, en donde la santería se mezcla con el puritanísmo en un hediondo caldo ahogado por los humedales infestados de mósquitos.
Tuve una vez la oportunidad de viajar al afamado Misisipi, arteria que cruaza y oxigena esta bella zona de la que hoy hablo. No acepte.
Tengo la frustrante sensación que la tierra de la que hablo solo existe en mi corazón, ni tan siquiera en mi cabeza. Es de esas cosas que si las tratamos de racionalizar, las asesinamos.
Por qué frustrarte, se preguntaran algunos de ustedes. Simplemente porque he tomado la firme decisión de, aunque pueda, nunca viajar al sur de los Estados Unidos, reprimiendo los más profundos deseos de mi corazón.
Aún de lo enfermo del caso prefiero, como le sucede a todo el mundo alguna vez en la vida, vivir con la ficción que he construido alrededor de esta peculiar pasión, que nunca arriesgarme a descubrir lo que puede ser una cruda realidad.

sábado, 15 de agosto de 2009

¿Yo? Sentado, así lo puedo divisar todo....

MORIR EN SAN HILARIO






DIRECTOR: Laura Maña
WRITER: Laura Maña
ESTRENO: 27/04/2005
GÉNERO: Comedía negra






Justificar a ambos lados

La película que ahora pretendo criticar, es una obra escrita y dirigida por Laura Maña.

La película, titulada "Morir en San Hilario" cuenta las desventuras de un gangster que huyendo de sus compañeros de fatigas va a dar con sus huesos en un viejo pueblo llamado San Hilario. Este pequeño pueblo, casi aldea, ha vivido maravillosos tiempos, ya que se dedicaba principalmente a los enterramientos. Todo el mundo quería ser velado y enterrado en San Hilario. Los cambios de aires, ritmos y costumbres han hecho que la boyante economía de este pueblo venga a menos. Ansiosos por la recuperación económica, como nos pasa practicamente a todos hoy día, esperan con los brazos abiertos a un pobre moribundo que desea ser tratado como los señores en su "transición". Por esas maravillosas casualidades de la vida, este gangster, representado por Lluís Homar, será confundido por el moribundo, lo que dará lugar a hilarantes situaciones, ya que los del pueblo solo pretenden sacar los cuartos, a un hombre que a pesar de lo cruento de su negocio, no acaba de entender cómo estas sencillas gentes pueden ser tan tétricas y llevar a la muerte todo el día en la boca.

Lo más reseñable de esta película es el tono con el que trata ese momento al que todos respetamos y tememos a partes iguales.
Es curioso como una película que tiene un punto sobre el que pivota muy lúgubre, consigue un tono tan cálido. Bien sea por la fotografía, o la historia de amor redentor de fondo, consigue en todo momento que el espectador se sienta amable y con ganas de ser sepultado como Dios manda.

Creo sinceramente que es una de esas películas que harían cambiar la concepción del público español, y hacerle dejar de tildar al cine nacional como una maraña de películas casposas que no le llegan ni a los talones a las grandes superproducciones de otros países, ya de sobra conocidos.

lunes, 3 de agosto de 2009

HABLANDO SIN HABLAR



HABLANDO SIN HABLAR

Creo que lo primero es describir el local para que nos situemos

Ni grande ni pequeño, tiene el espacio justo para que la suficiente gente quepa en el interior creando ambiente de farra. Está Dividido en dos grandes espacios. El primero, donde se sitúa el centro de todo garito que se precie, la barra, de la cual se expenden buenos momentos en forma de pinta. Hay un segundo espacio, una habitación conectada por unas puertas siempre abiertas que se caracteriza por el gran espacio que hay en el centro, para bailar claro. La habitación, flanqueada por unos negros sofás y mesas, en donde apoyar las bebidas, está coronada por un gran ventanal, cuyas contraventanas están siempre cerradas. Lo remarcable de esta ventana es que ofrece, con un poyete interno, otro espacio donde sentarse o dejar las bebidas.

En cuanto al ambiente, qué decir, último local de la noche, borrachos como cubas, oscuridad total mutilada de vez en cuando por flashes azules, rojos y blancos y no sé porque coño tanta cantidad de humo. Ya no se permite fumar dentro de los locales bretones. Las máquinas de humo no son siempre una gran idea.

El punto positivo es que la música estaba lo suficientemente baja para permitirnos oír nuestra conversación.

Ahora es cuando nos “descentramos”. Reconozco que tras el shock inicial, al principio me hizo gracia. Me explico.

Bebiendo alguna clase de cubalibre, ya que no era ron lo que había en mi vaso, a pesar que es lo que pedí, estaba charlando con mis amigos ya un poco cansado de la noche. Éramos un pequeño grupo, pero obviamente no éramos los únicos.

Un par de hombres a nuestro lado se dirigieron a nosotros y tras pedirnos un cigarro, perdieron la voz. Con el cigarro apagado en la mano, seguían un compás interno que no alcanzaba a oír. Continuaban gesticulando como si hablaran, pero puedo jurar que de su boca no salían sonidos, por más que me esforzara en oírles.

Lo raro es que Kenz, una reciente buena amiga que había conocido cuatro meses atrás, empezó a contestarles, por decirlo de alguna manera. Digo esto porque tampoco salía sonido alguno de su boca.

Debo explicar aquí que estaba con un grupo culturalmente heterogéneo de muchas partes del mundo. André de Polonia, Soren de Dinamarca y Kenz de EE.UU. Lo realmente raro era que a pesar de la heterogeneidad del grupo, todos parecían conocer de que trataba la cosa.

El ritmo de la música cambió por completo y sin previo aviso.

Una especie de bajo sub-grave reverberaba en nuestro cuerpo. La gente empezó a bailar rítmicamente siguiendo esta música y a hablar entre ellos sin hablar. Sin emitir voces. Un compás vibrante se apoderó de nuestros cuerpos, y como si de una especie de ritual pagano se tratara, empezamos a convulsionar en círculos concéntricos. Sin duda esta es una mejor definición de lo que comenzamos a hacer, ya que no se le podría llamar baile exactamente, a lo que ahí se estaba dando.

Yo no había dicho palabra alguna desde entonces y cuando me disponía a hacerlo me di cuenta.

La música la podía oír, no estaba sordo, por lo que el problema no era mío. No había nada de místico en el asunto. Simplemente la gente no emitía sonido alguno adrede. Me di cuenta entonces que debía ser algún tipo de “juego” de bar o algo así, relativamente popular ya que todos lo conocía. Nunca mejor dicho, yo también seguí el juego. Bailaba rítmicamente hacia mis amigos y hacia la gente que incluso no conocía, hablando sin hablar. Parecíamos más de los que realmente éramos, y el dibujo de la pista de baile cambió de círculos concéntricos a una espiral descendente.

Alguna gota de sudor comenzó a resbalarme por la sien, pero aplacaba el calor y la sed con potentes sorbos de mi pinta. Estaba maravillado. Después de todo, fue la posibilidad de vivir experiencias como estas las que me hicieron salir de casa.

La cosa empezó a tornar rara cuando dos desconocidos que también seguían el juego, se dieron un puñetazo el uno al otro sin motivo aparente. Cierto es que andábamos bastante borrachos, pero la naturalidad con la que todos asimilaron el golpe me sorprendió. Me quedé helado en la pista. Nadie se inmutó, ni la primera ni la segunda vez o incluso la tercera que diferentes desconocidos se pegaban entre ellos. Surgió una especie de principio de club de la lucha. Los puños volaban al compás de los bajos.

La gente seguía danzando rítmicamente y parejas se hacían y deshacían continuamente. André empezó a bailar con Kenz sensualmente, y aunque ella se apartaba, el siempre se las apañaba para volver. André era un joven estudiante de económicas cuya formalidad distaba mucho del comportamiento que adoptaba en aquel sitio. Puede que el vicio que empezaba a inundar el aire del local, le estuviera afectando.

Hombres con hombres, mujeres con mujeres y hombres y mujeres se juntaban y separaban besándose.

Fuera del principal núcleo de “danza”, quizás por mi desconocimiento del juego, me mantenía un poco apartado, intentando ser un observador independiente.

No puedo negar que yo no me estuviera viendo afectado, aunque desde luego no de la misma forma. Como si en una piscina estuviese, los efluvios y vapores propios de una actividad tan excitada como la que allí se daba, comenzaban a ahogarme. Sentía como el “agua” me empezaba a llegar al cuello, y debido a la borrachera, me veía incapaz de mantenerme a flote. El lodazal de podredumbre me arrastraba hacia el fondo y yo no tenía fuerzas para resistirme.

A mi lado voló un puñetazo que fue a parar, por suerte, a alguien que no era yo. Pude notar que algunos evitaban el contacto visual directo y que otras, aunque rechazaban aproximaciones que invadían gran parte del espacio vital, empezaban a ser como forzadas. Digo como, porque aunque sonreían o reían abiertamente, en medio de la oscuridad y del humo, notaba que la risa era forzada, falsa.

¿Qué demonios estaba pasando?

Había algo que no alcanzaba a entender.

Las insinuaciones de André se hacían cada vez más bruscas, y el tiempo de los preliminares había acabado. Deslizaba su mano bajo la falda de Kenz y a pesar que ella hacia tímidos intentos para apartarse una y otra vez, este no cejaba en su intento.

Por otro lado las bofetadas, puñetazos y demás se hacían cada vez más intensos, y todos seguíamos hablando sin hablar.

Recibí un directo en el estómago. Supongo que no pasaba tan desapercibido como creía. La verdad, en ese momento no me importó mucho, ya que la puñalada que recibió un tío enfrente de mí me arrancó de mi autocomplacencia.

¿¡Qué coño!? ¿¡Nadie ha visto eso o qué!?. ¡Solo estoy prestando atención yo!

Detrás del hombre sangrando, un negro, alto, fuerte, imponente, se arrodilló y empezó a hacer una felación a otro hombre, el cual rondaría más o menos mi edad. La verdad, ninguno de los que allí estaban “sin” hablar sería mayor de treinta años.

Los intentos de escarceos amorosos pasaban a ser principios de violaciones en muchos casos, aunque de vez en cuando hubiera alguna pareja que estuviera más predispuesta a consumar el acto puramente físico. Si tan rimbombante es la frase empleada, es porque en ese lugar aquella noche, no había atisbo de humanidad ninguno ya que todos se estaban dando a sus instintos más primarios.

Los recuerdos no me dejan dormir, y de esta forma siento que tenía, que tengo un lado humano que no me permitió participar en lo que a continuación vino.

André estaba literalmente intentando violar a Kenz, como otros muchos a sus respectivas. La sujetaba las muñecas mientras forzaba un beso bruto y desapasionado. La mano izquierda bailaba debajo de su falda entre los muslos de Kenz, intentando agarrar apropiadamente los leggins para arrancárselos, aprovechando de paso tocar carnaza. Ya no había pretensión en los rechazos de Kenz y aunque no gritaba, de hecho apenas emitía algo más alto de pequeños gemidos de desaprobación y esfuerzo, movía su cabeza frenéticamente para evitar los besos e intentaba empujar a André inútilmente para separarse.

Estaba a un lado de la oscura habitación totalmente paralizado. Ya no pretendía fingir hablar, ya no bailaba convulsamente al ritmo de los graves como el resto. Ya no me intentaba confundir con la masa.

Simplemente no podría creer lo que estaba pasando. De manera estroboscópica se movía la masa de gente en mi cabeza, o era mi cabeza la que se movía de dicha manera. No sé que era, pero me provocaba nauseas. Puede que fuese la visión de aquella espiral.

Apunto estaba de interrumpir las intenciones de André, pues Kenz era mi amiga y obviamente algo se había apoderado de esta gente. Algo que les rebajaba a un nivel inferior, por debajo de animales, ¡más que bestias!

¡Joder! ¿Qué ha sido eso? Fogonazos, ¿de dónde han venido? Eso no eran flashes de discoteca. ¿Tiros?

No lejos de donde estaba, alguien tenía un arma y había disparado dos veces. El hedor férrico característico de la pólvora recién quemada flotaba en el aire y se diluía con nuestro sudor.

Cuando seguí con la mirada al reciente cadáver pude ver que en el suelo no estaba solo. Además de ese difunto, seguía sangrando el apuñalado, había una mujer inconsciente llena de moratones y heridas. Un hombre violando a otro, el cual no gritaba, solo se revolcaba intentando librarse de los mordiscos que el primero le propinaba. Dos mujeres montándoselo en el suelo, copas, líquidos, ¡sangre! Soren inconsciente con un visible golpe en la cabeza estaba totalmente indefenso ante la mamada que le estaba realizando uno más del monto. Por suerte para Soren, supongo, un botellazo en la cabeza acabó con la voluntad de su improvisado “amante”.

Esto es lo que me producía las nauseas. No una algarabía descontrolada de gente. Ante eso estaba insensibilizado. Era el sentir por primera vez el hedor, la mezcolanza de sangre, heces y pólvora de dicha algarabía. Nunca lo había vivido en directo.

La inocente tontería de un grupo de desconocidos borrachos había degradado en una orgía silenciosa de sexo y violencia. No había voces discordantes, gritos o llantos. Solo algunos gemidos de desaprobación. Alguno más alto que otro, pero solo gemidos.

Cuando mi atención volvió a André, no pude evitar ver que había conseguido parte de sus propósitos. Le había arrancado los leggins a Kenz, la cual estaba retenida contra una pared por todo el peso de André.

Podía ver que también le había arrancado las bragas y que estaba desnuda en la parte que a André más le interesaba ya que conservaba todavía el vestido mini faldero. André luchaba por desabotonarse los pantalones con una mano, ya que la otra la usaba contra Kenz.

No pude aguantar más. No debí esperar tanto. Me lancé contra André y de un empujón le separe de Kenz.

André fue a toparse de espaldas con una zorra que le arañó la cara. Tras devolverle la caricia con un rotundo puñetazo, André fue noqueado por un grandullón pelirrojo con el pelo de punta, lo que hizo que André pasase a formar parte de la colección de desechos que inundaban el suelo y forzaban al resto a tener cuidado, levantando los pies mientras seguían bailando en espirales y mezclándose entre ellos.

Kenz estaba roja y temblaba como si estuviera enferma. Sus ojos verdes se clavaban en mi y más que temor podía leer en ellos una sincera súplica. La tremenda compasión que me hizo sentir me empujó a abrazarla en un arrebato, y mientras sentía el calor de su cuerpo noté como se derrumbaba. Sollozaba entre mi pecho.

¿Estás bien? – le pregunté.

De nuevo empezó a gesticular como si hablara, a lo que le exigí que parara de hacer la tontería. Mientras la zarandeaba frustrado más que enfadado. No podía más, necesitaba saber.

¿Qué coño está pasando?

La explicación que a continuación recibí, ha sido uno de los momentos más horrorosos de mi vida. Todavía puedo sentir parte de ese terror recorriendo mi cuerpo.

Mirándome a los ojos con un aire de sorpresa me contestó en inglés con otra pregunta.

¿Nunca has jugado a este juego?

La naturalidad con la que me lo preguntó y el hecho de que estuviera implícito que en alguna parte, en algún lugar, esta degeneración pudiera ser incluso natural para algunas personas me aterrorizó.

Sin duda pudo leer mis pensamientos, porque entre susurros y sollozos me explicó en lo que consistía básicamente.

Al ritmo de graves has de moverte e intentar pasar desapercibido mezclándote con la gente. La regla principal es que cada uno puede hacer absolutamente lo que quiera sin consecuencias.

Todo empieza cuando alguien empieza a fingir que habla. Quien quiera apuntarse ha de empezar a hacer lo mismo y una vez que empieza a moverse no puede abandonar.

¿Y si....? – No me dio tiempo a preguntar. Ella contestó.

Nadie nunca lo denuncia. Todo se oculta, es una especie de acuerdo tácito que va con el juego y nunca se habla de lo hecho o sucedido.

Temblaba entre mis brazos y cuando me respondió al único pensamiento que me vino a la cabeza en ese momento me di cuenta de como funcionaba el mundo.

¿Por qué?

-No lo sé, es un juego, todos lo hacen.- dijo.

Según había estado explicándome como funcionaba esto de hablar sin hablar, la violenta orgía se fue apagando a nuestra espalda, tan rápido como empezó.

Como drogados, supervivientes o conscientes empezaban a salir fuera a tomar el aire. Algunos arrastraban algún cuerpo al maletero de sus respectivos coches mientras que otros recogían un poco restos que continuaban en el suelo tras el “juego”.

El aire viciado empezaba a descongestionarse. Mis miedos, temblores y ansiedad también.

Kenz fue a recoger los jirones de sus leggins del suelo mientras que André se despertaba al otro lado de la habitación. Soren tenía pinta de que estaría fuera de combate bastante tiempo.

Con los leggins en la mano vi como Kenz vocalizaba un gracias mirándome, probablemente la primera vez en la noche que dijo algo con sentido, tras lo que se fue a la puerta a fumar. Imagino que necesitaba templar nervios.

Me senté en un sillón intentando comprender.

Mientras regresaba la gente tras haberse despejado. La verdad que no conseguía entender. Cerré los ojos para intentar visualizar el significado de tan macabro juego, pero nada. No es que estuviera borracho, porque la verdad, ya no lo estaba.

Cuando abrí los ojos todos habían regresado y estaban descansando medio groguis, sentados en los sillones o simplemente tirados en el suelo.

Efectivamente la gente se comportaba como si nada hubiera pasado.

Tras un intervalo de tiempo no lo suficientemente largo y de repente, una chica se acercó a unos tirados que se apoyaban cerca del ventanal y empezó a gesticular. Estos la contestaron hablando sin hablar.

Se acercaron animados un grupo que segundos antes parecían inconscientes en los sofás, incluso André, Kenz empezaron a gesticular de nuevo. Alguna mano negra encendió los rítmicos compases que no dejaban ni que escuchásemos nuestros pensamientos.

No podía creer lo que estaba pasando, la gente se dejaba de nuevo arrastrar a la violenta orgía sin motivo aparente.

El miedo me hizo huir, salí sin mirar atrás, sin preocuparme por nada o por nadie.
¿Fue lo correcto?

Supongo que sin darme cuenta también pase a formar parte del macabro "juego".