HABLANDO SIN HABLAR
Creo que lo primero es describir el local para que nos situemos
Ni grande ni pequeño, tiene el espacio justo para que la suficiente gente quepa en el interior creando ambiente de farra. Está Dividido en dos grandes espacios. El primero, donde se sitúa el centro de todo garito que se precie, la barra, de la cual se expenden buenos momentos en forma de pinta. Hay un segundo espacio, una habitación conectada por unas puertas siempre abiertas que se caracteriza por el gran espacio que hay en el centro, para bailar claro. La habitación, flanqueada por unos negros sofás y mesas, en donde apoyar las bebidas, está coronada por un gran ventanal, cuyas contraventanas están siempre cerradas. Lo remarcable de esta ventana es que ofrece, con un poyete interno, otro espacio donde sentarse o dejar las bebidas.
En cuanto al ambiente, qué decir, último local de la noche, borrachos como cubas, oscuridad total mutilada de vez en cuando por flashes azules, rojos y blancos y no sé porque coño tanta cantidad de humo. Ya no se permite fumar dentro de los locales bretones. Las máquinas de humo no son siempre una gran idea.
El punto positivo es que la música estaba lo suficientemente baja para permitirnos oír nuestra conversación.
Ahora es cuando nos “descentramos”. Reconozco que tras el shock inicial, al principio me hizo gracia. Me explico.
Bebiendo alguna clase de cubalibre, ya que no era ron lo que había en mi vaso, a pesar que es lo que pedí, estaba charlando con mis amigos ya un poco cansado de la noche. Éramos un pequeño grupo, pero obviamente no éramos los únicos.
Un par de hombres a nuestro lado se dirigieron a nosotros y tras pedirnos un cigarro, perdieron la voz. Con el cigarro apagado en la mano, seguían un compás interno que no alcanzaba a oír. Continuaban gesticulando como si hablaran, pero puedo jurar que de su boca no salían sonidos, por más que me esforzara en oírles.
Lo raro es que Kenz, una reciente buena amiga que había conocido cuatro meses atrás, empezó a contestarles, por decirlo de alguna manera. Digo esto porque tampoco salía sonido alguno de su boca.
Debo explicar aquí que estaba con un grupo culturalmente heterogéneo de muchas partes del mundo. André de Polonia, Soren de Dinamarca y Kenz de EE.UU. Lo realmente raro era que a pesar de la heterogeneidad del grupo, todos parecían conocer de que trataba la cosa.
El ritmo de la música cambió por completo y sin previo aviso.
Una especie de bajo sub-grave reverberaba en nuestro cuerpo. La gente empezó a bailar rítmicamente siguiendo esta música y a hablar entre ellos sin hablar. Sin emitir voces. Un compás vibrante se apoderó de nuestros cuerpos, y como si de una especie de ritual pagano se tratara, empezamos a convulsionar en círculos concéntricos. Sin duda esta es una mejor definición de lo que comenzamos a hacer, ya que no se le podría llamar baile exactamente, a lo que ahí se estaba dando.
Yo no había dicho palabra alguna desde entonces y cuando me disponía a hacerlo me di cuenta.
La música la podía oír, no estaba sordo, por lo que el problema no era mío. No había nada de místico en el asunto. Simplemente la gente no emitía sonido alguno adrede. Me di cuenta entonces que debía ser algún tipo de “juego” de bar o algo así, relativamente popular ya que todos lo conocía. Nunca mejor dicho, yo también seguí el juego. Bailaba rítmicamente hacia mis amigos y hacia la gente que incluso no conocía, hablando sin hablar. Parecíamos más de los que realmente éramos, y el dibujo de la pista de baile cambió de círculos concéntricos a una espiral descendente.
Alguna gota de sudor comenzó a resbalarme por la sien, pero aplacaba el calor y la sed con potentes sorbos de mi pinta. Estaba maravillado. Después de todo, fue la posibilidad de vivir experiencias como estas las que me hicieron salir de casa.
La cosa empezó a tornar rara cuando dos desconocidos que también seguían el juego, se dieron un puñetazo el uno al otro sin motivo aparente. Cierto es que andábamos bastante borrachos, pero la naturalidad con la que todos asimilaron el golpe me sorprendió. Me quedé helado en la pista. Nadie se inmutó, ni la primera ni la segunda vez o incluso la tercera que diferentes desconocidos se pegaban entre ellos. Surgió una especie de principio de club de la lucha. Los puños volaban al compás de los bajos.
La gente seguía danzando rítmicamente y parejas se hacían y deshacían continuamente. André empezó a bailar con Kenz sensualmente, y aunque ella se apartaba, el siempre se las apañaba para volver. André era un joven estudiante de económicas cuya formalidad distaba mucho del comportamiento que adoptaba en aquel sitio. Puede que el vicio que empezaba a inundar el aire del local, le estuviera afectando.
Hombres con hombres, mujeres con mujeres y hombres y mujeres se juntaban y separaban besándose.
Fuera del principal núcleo de “danza”, quizás por mi desconocimiento del juego, me mantenía un poco apartado, intentando ser un observador independiente.
No puedo negar que yo no me estuviera viendo afectado, aunque desde luego no de la misma forma. Como si en una piscina estuviese, los efluvios y vapores propios de una actividad tan excitada como la que allí se daba, comenzaban a ahogarme. Sentía como el “agua” me empezaba a llegar al cuello, y debido a la borrachera, me veía incapaz de mantenerme a flote. El lodazal de podredumbre me arrastraba hacia el fondo y yo no tenía fuerzas para resistirme.
A mi lado voló un puñetazo que fue a parar, por suerte, a alguien que no era yo. Pude notar que algunos evitaban el contacto visual directo y que otras, aunque rechazaban aproximaciones que invadían gran parte del espacio vital, empezaban a ser como forzadas. Digo como, porque aunque sonreían o reían abiertamente, en medio de la oscuridad y del humo, notaba que la risa era forzada, falsa.
¿Qué demonios estaba pasando?
Había algo que no alcanzaba a entender.
Las insinuaciones de André se hacían cada vez más bruscas, y el tiempo de los preliminares había acabado. Deslizaba su mano bajo la falda de Kenz y a pesar que ella hacia tímidos intentos para apartarse una y otra vez, este no cejaba en su intento.
Por otro lado las bofetadas, puñetazos y demás se hacían cada vez más intensos, y todos seguíamos hablando sin hablar.
Recibí un directo en el estómago. Supongo que no pasaba tan desapercibido como creía. La verdad, en ese momento no me importó mucho, ya que la puñalada que recibió un tío enfrente de mí me arrancó de mi autocomplacencia.
¿¡Qué coño!? ¿¡Nadie ha visto eso o qué!?. ¡Solo estoy prestando atención yo!
Detrás del hombre sangrando, un negro, alto, fuerte, imponente, se arrodilló y empezó a hacer una felación a otro hombre, el cual rondaría más o menos mi edad. La verdad, ninguno de los que allí estaban “sin” hablar sería mayor de treinta años.
Los intentos de escarceos amorosos pasaban a ser principios de violaciones en muchos casos, aunque de vez en cuando hubiera alguna pareja que estuviera más predispuesta a consumar el acto puramente físico. Si tan rimbombante es la frase empleada, es porque en ese lugar aquella noche, no había atisbo de humanidad ninguno ya que todos se estaban dando a sus instintos más primarios.
Los recuerdos no me dejan dormir, y de esta forma siento que tenía, que tengo un lado humano que no me permitió participar en lo que a continuación vino.
André estaba literalmente intentando violar a Kenz, como otros muchos a sus respectivas. La sujetaba las muñecas mientras forzaba un beso bruto y desapasionado. La mano izquierda bailaba debajo de su falda entre los muslos de Kenz, intentando agarrar apropiadamente los leggins para arrancárselos, aprovechando de paso tocar carnaza. Ya no había pretensión en los rechazos de Kenz y aunque no gritaba, de hecho apenas emitía algo más alto de pequeños gemidos de desaprobación y esfuerzo, movía su cabeza frenéticamente para evitar los besos e intentaba empujar a André inútilmente para separarse.
Estaba a un lado de la oscura habitación totalmente paralizado. Ya no pretendía fingir hablar, ya no bailaba convulsamente al ritmo de los graves como el resto. Ya no me intentaba confundir con la masa.
Simplemente no podría creer lo que estaba pasando. De manera estroboscópica se movía la masa de gente en mi cabeza, o era mi cabeza la que se movía de dicha manera. No sé que era, pero me provocaba nauseas. Puede que fuese la visión de aquella espiral.
Apunto estaba de interrumpir las intenciones de André, pues Kenz era mi amiga y obviamente algo se había apoderado de esta gente. Algo que les rebajaba a un nivel inferior, por debajo de animales, ¡más que bestias!
¡Joder! ¿Qué ha sido eso? Fogonazos, ¿de dónde han venido? Eso no eran flashes de discoteca. ¿Tiros?
No lejos de donde estaba, alguien tenía un arma y había disparado dos veces. El hedor férrico característico de la pólvora recién quemada flotaba en el aire y se diluía con nuestro sudor.
Cuando seguí con la mirada al reciente cadáver pude ver que en el suelo no estaba solo. Además de ese difunto, seguía sangrando el apuñalado, había una mujer inconsciente llena de moratones y heridas. Un hombre violando a otro, el cual no gritaba, solo se revolcaba intentando librarse de los mordiscos que el primero le propinaba. Dos mujeres montándoselo en el suelo, copas, líquidos, ¡sangre! Soren inconsciente con un visible golpe en la cabeza estaba totalmente indefenso ante la mamada que le estaba realizando uno más del monto. Por suerte para Soren, supongo, un botellazo en la cabeza acabó con la voluntad de su improvisado “amante”.
Esto es lo que me producía las nauseas. No una algarabía descontrolada de gente. Ante eso estaba insensibilizado. Era el sentir por primera vez el hedor, la mezcolanza de sangre, heces y pólvora de dicha algarabía. Nunca lo había vivido en directo.
La inocente tontería de un grupo de desconocidos borrachos había degradado en una orgía silenciosa de sexo y violencia. No había voces discordantes, gritos o llantos. Solo algunos gemidos de desaprobación. Alguno más alto que otro, pero solo gemidos.
Cuando mi atención volvió a André, no pude evitar ver que había conseguido parte de sus propósitos. Le había arrancado los leggins a Kenz, la cual estaba retenida contra una pared por todo el peso de André.
Podía ver que también le había arrancado las bragas y que estaba desnuda en la parte que a André más le interesaba ya que conservaba todavía el vestido mini faldero. André luchaba por desabotonarse los pantalones con una mano, ya que la otra la usaba contra Kenz.
No pude aguantar más. No debí esperar tanto. Me lancé contra André y de un empujón le separe de Kenz.
André fue a toparse de espaldas con una zorra que le arañó la cara. Tras devolverle la caricia con un rotundo puñetazo, André fue noqueado por un grandullón pelirrojo con el pelo de punta, lo que hizo que André pasase a formar parte de la colección de desechos que inundaban el suelo y forzaban al resto a tener cuidado, levantando los pies mientras seguían bailando en espirales y mezclándose entre ellos.
Kenz estaba roja y temblaba como si estuviera enferma. Sus ojos verdes se clavaban en mi y más que temor podía leer en ellos una sincera súplica. La tremenda compasión que me hizo sentir me empujó a abrazarla en un arrebato, y mientras sentía el calor de su cuerpo noté como se derrumbaba. Sollozaba entre mi pecho.
¿Estás bien? – le pregunté.
De nuevo empezó a gesticular como si hablara, a lo que le exigí que parara de hacer la tontería. Mientras la zarandeaba frustrado más que enfadado. No podía más, necesitaba saber.
¿Qué coño está pasando?
La explicación que a continuación recibí, ha sido uno de los momentos más horrorosos de mi vida. Todavía puedo sentir parte de ese terror recorriendo mi cuerpo.
Mirándome a los ojos con un aire de sorpresa me contestó en inglés con otra pregunta.
¿Nunca has jugado a este juego?
La naturalidad con la que me lo preguntó y el hecho de que estuviera implícito que en alguna parte, en algún lugar, esta degeneración pudiera ser incluso natural para algunas personas me aterrorizó.
Sin duda pudo leer mis pensamientos, porque entre susurros y sollozos me explicó en lo que consistía básicamente.
Al ritmo de graves has de moverte e intentar pasar desapercibido mezclándote con la gente. La regla principal es que cada uno puede hacer absolutamente lo que quiera sin consecuencias.
Todo empieza cuando alguien empieza a fingir que habla. Quien quiera apuntarse ha de empezar a hacer lo mismo y una vez que empieza a moverse no puede abandonar.
¿Y si....? – No me dio tiempo a preguntar. Ella contestó.
Nadie nunca lo denuncia. Todo se oculta, es una especie de acuerdo tácito que va con el juego y nunca se habla de lo hecho o sucedido.
Temblaba entre mis brazos y cuando me respondió al único pensamiento que me vino a la cabeza en ese momento me di cuenta de como funcionaba el mundo.
¿Por qué?
-No lo sé, es un juego, todos lo hacen.- dijo.
Según había estado explicándome como funcionaba esto de hablar sin hablar, la violenta orgía se fue apagando a nuestra espalda, tan rápido como empezó.
Como drogados, supervivientes o conscientes empezaban a salir fuera a tomar el aire. Algunos arrastraban algún cuerpo al maletero de sus respectivos coches mientras que otros recogían un poco restos que continuaban en el suelo tras el “juego”.
El aire viciado empezaba a descongestionarse. Mis miedos, temblores y ansiedad también.
Kenz fue a recoger los jirones de sus leggins del suelo mientras que André se despertaba al otro lado de la habitación. Soren tenía pinta de que estaría fuera de combate bastante tiempo.
Con los leggins en la mano vi como Kenz vocalizaba un gracias mirándome, probablemente la primera vez en la noche que dijo algo con sentido, tras lo que se fue a la puerta a fumar. Imagino que necesitaba templar nervios.
Me senté en un sillón intentando comprender.
Mientras regresaba la gente tras haberse despejado. La verdad que no conseguía entender. Cerré los ojos para intentar visualizar el significado de tan macabro juego, pero nada. No es que estuviera borracho, porque la verdad, ya no lo estaba.
Cuando abrí los ojos todos habían regresado y estaban descansando medio groguis, sentados en los sillones o simplemente tirados en el suelo.
Efectivamente la gente se comportaba como si nada hubiera pasado.
Tras un intervalo de tiempo no lo suficientemente largo y de repente, una chica se acercó a unos tirados que se apoyaban cerca del ventanal y empezó a gesticular. Estos la contestaron hablando sin hablar.
Se acercaron animados un grupo que segundos antes parecían inconscientes en los sofás, incluso André, Kenz empezaron a gesticular de nuevo. Alguna mano negra encendió los rítmicos compases que no dejaban ni que escuchásemos nuestros pensamientos.
No podía creer lo que estaba pasando, la gente se dejaba de nuevo arrastrar a la violenta orgía sin motivo aparente.
El miedo me hizo huir, salí sin mirar atrás, sin preocuparme por nada o por nadie.
¿Fue lo correcto?
Supongo que sin darme cuenta también pase a formar parte del macabro "juego".