miércoles, 16 de septiembre de 2009

El Bulo de la Becaria

EL BULO DE LA BECARIA

Encontrábame apático plantado delante del infernal teclado. Al fin había sido atacado por el ya famoso blanco del escritor. Yo solo, sin entrenamiento previo, me enfrentaba contra las más terribles hordas en un campo de batalla Din A-4.

- No aguanto más.

Me levanté a dar una vuelta a ver si me despejaba. Que aburrimiento madre. Me acerqué a la cafetería chica, que alguna elocuente cabeza pensante la bautizó por sus dimensiones.

- ¿Café?, no me gusta, tampoco bollo que engorda, ¡ah! Lo encontré, 0.65 euros.

Me senté solo a disfrutar de mi cola-cao caliente en la barra, en la mesa sería demasiado triste. Debido a mi afición, comencé a fijarme bastante en la gente. Además de practicar cómo describir a la gente, memorizaba rasgos interesantes que pudieran servirme:

Camarero: Achaparrado, morenito chato cuya pajarita parece tan apretada que la cabeza la va a salir volando.

Hombre: Yuppie calvo que compensa su complejo con una palm última generación cargadita de widgets.

Mujer: ¡Vaya! Está indescriptiblemente bue...

Una conversación de tono bajo me distrajo de mi Sudoku personal. Por qué será que cuanto más se esfuerza alguien en que no le escuchen, más le interesa a la gente escuchar.

- Como te lo cuento
- ¡Será puta!

El diálogo era entre una pareja. Una mujer de unos 40 que a simple vista se ve que sus hijos no le han dejado más que disgustos y un “joven” de unos 30 a 35 años que criticaba malévolamente algo, pero qué:

- Si la muchacha hace bien, comenta la matrona
- Supongo que será...
- ¡¿No?!

El joven se tocó la nariz imitando el ya conocido gesto de complicidad de “El Golpe”. Alguien debió decirle que para copiar según que cosas hay que tener cierta clase.

Estaba aburrido sí, pero siempre me he considerado por encima de la potente atracción del morbo, así que quedándome con las ganas de más, me levanté sin recoger y me dispuse a dar una vuelta por el edificio. Total no tenía mucho que hacer.

Mientras serpenteaba por los pasillos pensando cual sería mi meta final, noté que la matrona cotilla se movía a mi espalda y me adelantaba con una sorprendente agilidad. Arrimada a una mujer que parecía una escoba dada la vuelta, no de las modernas extensibles, sino de las viejas, palo de madera con pajas y todo, cuchicheaba vivamente. No me quitaron ojo mientras me deslicé por su lado. Por lo visto su temor a ser escuchadas no era lo suficientemente fuerte como para detener su conversación ante mi presencia.

Becaria, es lo único que escuché.

Aún con otra píldora de información, decidí pasar del tema y volver a mi sitio.

Me tiré sobre mi silla con la pantalla del ordenador enfrente. No tenía nada que hacer. Por muy cómodas que sean las temporadas estivales en el curro, son un coñazo. Me decidí a investigar de qué iba tanto cuchicheo, una manera divertida de pasar el tiempo y a la vez de poner en práctica las dotes detectivescas de las que me creo poseedor por tan solo haberme empachado de la Srta. Christie y de Sir Conan Doyle.

Abrí un documento de Word en blanco. ¿Qué sabemos?

- Es una becaria, desde luego, por lo tanto es presumiblemente joven. La cuestión es de dónde. Sería interesante conocer de dónde sale este rumor. A la matrona mencionada anteriormente la he visto antes en el departamento de cuentas, se ocupa de aprobar las facturas, pero de allí nunca sale nada interesante. Por no hablar de la manera ávida y del lenguaje corporal con el que retransmitía la noticia a la flacucha del pasillo. Todo pintaba a que no era ella la fuente primigenia del rumor. Por otra parte en la conversación de esta mañana, él además de parecer la parte activa, trabaja en el control de noticias, si no me equivoco. (No decía yo que leía mucha novela detectivesca).

Decidí tirar de ese hilo para descartar.

Teníamos por lo tanto una joven becaria de noticias o sus alrededores que hizo algo como para que se la considerase puta, a pesar de todo, se justificaba que lo hiciese. ¿Puta? Me preguntaba cuan a la ligera utilizaron el término los dos tertulianos de esta mañana.

Me di una tranquila vuelta por la cuidada redacción de noticias, la corona de Antena. Era cómico comprobar como en verano descansaban hasta los criminales, solo los incendios ocupaban los servidores de noticias (fuentes abastecidas por arrítmicos teletipos que vomitan la realidad para ser manipulada).

No encontré al muchacho, pero me senté al lado de Cristina. Cris era una compañera, becaria también, que trabajaba en noticias y si me senté a su lado no es porque me fuera a servir como confidente, o mucho menos porque la creyera protagonista de los cuchicheos. Era simplemente una amiga con la que pasar un rato cuando se llega a una vía muerta.

“Sorprendentemente” no había escuchado nada. Siempre ha vivido a un ritmo diferente en un espacio astral paralelo a la realidad que conocemos como la inopia. Como un ratón de biblioteca pasa sus horas en Antena sumergida en los servidores de noticias montando colas. Para los neófitos del mundo de la comunicación informativa, colas son extractos de video que muestran una noticia cualquiera, mientras el presentador la narra en off durante la emisión.

Tras agradables minutos de insulsa charla me dispuse a levantarme resignado a claudicar en mi investigación. Después de todo no me iba la vida en ello. De pie y mientras me despedía, por encima de la mampara que separaban las diferentes mesas de redacción, volví a capturar perdidas palabras como si fuese un caza mariposas.

- Becaria...dónde...pillada...que puta...¡Matías Prats!

Y yo tenía pensado rendirme. Me considero persona poco morbosa, hasta cierto punto, cuando se trata de la joya de la corona...

Ni corto ni perezoso y para sorpresa de mi compañera Cris, me abalancé sobre el mamparo y me apunté al cotilleo como si de toda la vida los conociese. Al otro lado, me encontré de frente con dos viejos huesos de la redacción de noticias que divertidos ante mi directo asalto, no dudaron ni un momento en compartir información conmigo. Cris aprovechó y a pesar del apuro que le dio al principio, se apuntó al chisme.

La información con la que me hice por tanto es la siguiente:

Una becaria, que no pertenece a informativos, salía del despacho de Matías por la mañana con una sospechosa mancha en su falda. Al parecer Matías llevaba la misma ropa del día anterior.

Al fin de esta información, solo les quedó añadir a mis informadores, ¡blanco y en botella!

Que tópico.

De todas formas y ante una duda que me sobrevino añadí:

- Una becaria sale del despacho de Matías por la mañana, un hombre con una reputación intachable como poco, y lo primero que le viene a la gente a la cabeza es que se han liado. Además, ¿no se supone que Matías viste prácticamente igual para dar las noticias cuando sale al aire?

Los dos redactores, tras mirarse mutuamente, me miraron con tal carga de condescendencia en sus ojos que no fui capaz de aguantarla y desaparecí sin más.

¿Qué habría dado pié a creer que había habido un encuentro sexual así por que sí en noticias?

Necesitaba reflexionar y como todo buen investigador, exteriorizar mis divagaciones ante una mente despierta que si bien parece siempre que aporta poco a la investigación, su presencia así como sus agudas observaciones inspiran y abren la mente obtusa del “héroe” perdido, así como nuevas líneas de investigación.

Por eso volví a la cafetería chica, donde seguro que hallaría a Ricardo disfrutando de su merecido y mañanero cortado. No estaba. Que tonto, Ricardo tomaba su desayuno en la otra cafetería del edificio que a pesar de lo impersonal de su tamaño y lo alejada que estaba del “núcleo” de Antena, solía ser más tranquila para pedir sin esperar y disfrutar de un desayuno.

Saliendo por la puerta de la chica, un respingo que pegué, reveló que me asusté por la conversación de un terceto compuesto por dos treintañeras y un cuarentón cuya calvicie le hacía parecer más viejo. Me miraron, y ante sus inquisitivos ojos me vi en la obligación de empezar a dar explicaciones.

- Disculpad, es que me ha llamado la atención vuestra conversación, hablar de una cosa así, de manera tan..., plana.

Su cara era un poema, lo que me obligó a reafirmarme y a intentar encauzarles con mis argumentos.

- Sí, hombre, hablabais de un bruto con su cola.

El estrépito con el que rompieron a reír obligó incluso a parte de la cafetería a callarse. El cuarentón que vio oportunidad de mostrar sus ya anticuados encantos de macho alfa, comenzó una danza ritual tan vieja como la vida misma que consistía en humillar, o al menos intentarlo, al más joven enfrente de las hembras.

- Alma de cántaro. Estábamos hablando de “brutos” de videos, pedazos sin montar. – Aquí pensé que los ridículos ademanes con las manos le sobraban. – Y de colas, unas piezas con voz en off que se utilizan en las noticias. – Aquí pensé que como volviese a ofrecerles un guiñito furtivo a su séquito de treintañeras, le reventaba la cara.

Con aplomo y rebuscando alguna que otra lección que me ha ofrecido la vida sonreí y les reconocí cuan tonto y ridículo había sido. Al darle la razón sin más discusión, desarmé a mi oponente el cual, un poco frustrado por no seguir pavoneándose me despidió mientras salía de la cafetería con un:

- No está bien cotillear conversaciones ajenas.

Por muy capullo que me pareciese este hombrecillo, y andando hacia la cafetería grande en busca de Ricardo, le di vueltas a la última frase que me chilló.

Lo cierto es que tenía razón. El escuchar conversaciones a hurtadillas da casi siempre a equívocos. Lo malo es que una profesión basada en la comunicación informativa no puede dejar de lado una fuente de noticias tan sincera y directa. Si nos tuviéramos que fiar de comunicados oficiales, listos íbamos.

Pillé a Ricardo embarrado en aceite de oliva. El pan con tomate de la cafetería está muy bueno, pero desde luego no es muy práctico. Me invitó a un cola-cao, cosa que acepté sin rechistar. Nos conocíamos desde hace poco, pero por lo menos ya sabíamos las preferencias en cuanto al “café” del de enfrente.

Sin ponerle al día de mi trivial aventurilla comenzamos a hablar, un poco de esto y un tanto de aquello. Su amplia sonrisa se contagiaba con facilidad, y el desparpajo que nos caracterizaba viró rápidamente la conversación a tintes más picantes y típicos de unos jóvenes veinteañeros hiperexcitados.

Hablábamos de mujeres y de citas fallidas. En ningún momento me vino a la cabeza la becaria que asaltó por la mañana al ya no tan solemne Matías Prats. Ricardo me explicó nerviosamente que una vez, y apunto de una cita, se manchó con cuajada unos chinos a la altura de la ingle. Reía mientras relataba las peripecias propias para cambiarse los chinos mientras me puntualizó:

- Porque claro, la mancha que deja eso, ¡curiosa oiga!

Cortó su relato asustado por mi cara. Tras regalarle los oídos diciéndole lo genio que era, salí corriendo más rápido que el rayo mental que me acababa de fulminar.

- No me lo puedo creer. Dime que no ha sido ella.
-
Me repetía una y otra vez como un mantra hasta que llegué a pautas. Nadie por allí, ¡mierda!, les pillé en la hora del café, para variar no estaban en su puesto de trabajo.

Me dirigí precipitadamente a por mi segunda opción. En la redacción de “A Fondo” estaba Irene Eraus, becaria de producción que odiaba que usasen su primer apellido como mote. Ocupada con una llamada de teléfono me senté a su lado impaciente.

- Eraus...- le susurré solo para joder.

Colgó y sin decir nada se quedó expectante

- ¿Está Laura?

- Sí, debe estar ya en el piso de arriba, en las salas de montaje.

Salté precipitado mientras escuchaba el clásico “este chico es tonto”, mote cariñoso con el que me trataba la Srta. Eraus, o al menos eso prefería pensar.

Mientras contaba la cantidad de escalones que había en el maldito edificio, el barullo de ideas y suposiciones que rebotaban en mi cabeza se iban ordenando. Becaria; Matías Prats; mañana; mancha sospechosa; noticias.

Llegué ahogado a una pequeña sala de edición ambientada con una cálida y tenue luz y decorado solo con un Mac último modelo, no apto para cardíacos.

Me encontré a Laura Marreiros tan feliz como es ella siempre dando los buenos días con una perfilada sonrisa. Muy moto me dio un beso y empezó a hablar sin dejarme siquiera abrir la boca. Me preguntó que tal, me contó su noche de cervezas, lo cansada que estaba, sus problemas típicos del curro y se ahogaba pero no, era un aspaviento típico de ella.

- ¡Mira como me he puesto el vestido!
- Lo sabía. – Contesté yo.

Extrañada me miró y aprovechando su momento de tribulación le expuse el caso que me traía de cabeza toda la mañana. Su boca se abría estupefacta según avanzaba mi narración.

- Resumiendo Laura; eres la guarra de Antena 3 porque le has hecho una Lewinsky esta mañana a Don Matías Prats.

Roja, agobiada, sorprendida, reía pero no. Atento me presté a escuchar su versión.

- Decidí ayer que de esta mañana no pasaba. Necesitaba saludar a Matías porque me encanta, me parece un gran profesional y todo fue como muy precipitado. Desayunaba mi yogurt diario junto a Alba y la Eraus a primera hora, pasó Matías hacia su despacho me puse nerviosa y como soy tan torpe me manché pero total, que tras limpiarme de cualquier manera me envalentoné y fui a saludarle y como me quedé tan pillada por la emoción luego descansé un ratito hablando con Cris.

- ¿Hablasteis del Dalet y de cómo trabaja ella?
- Sí, eso creo. – Dijo pensativa.

- Ya está. Con la redacción casi vacía, sales tu con una mancha blanquecina en la falda y como hay mucho maruja aburrido, tras mal interpretar las instrucciones que te daba Cris sobre las colas, te has convertido en la guarra de Antena 3.


- ¡¡Eh!!

- Tampoco es tan malo, a lo mejor ahora te renuevan, te has vuelto más... “interesante”.

A Laura eso no le bastaba. Le sabía mal la prensa que estaba recibiendo su ídolo Matías por culpa suya. Tras mucho insistir la convencí de que lo mejor era que ella explicase que estaba sucediendo, antes de que el rumor llegase a Matías en la versión menos amable, como si se tratase del juego del teléfono escacharrado.

Hasta la puerta del despacho llegamos bien, pero allí justo Laura se clavó como si fuese un ancla en el fondo. La vergüenza y la figura de Matías la imponían. Por suerte yo nunca he sido muy mitómano. El grito ahogado que pegó Laura ante mi arranque no nos dejó oír los cuchicheos cuando entrábamos en el despacho de Don Matías.

¡Coño! Si que imponía. Todos los días acercándote al mundo en el salón de tu casa es una manera potente de llegar a la gente.

Entre sorprendido y divertido nos miró expectante y con su característica voz profunda nos saludó:

- Hola, ustedes dirán.

Tras un rato eterno callados y sin que nadie moviese ni un pelo, Matías continuó:

- Tómenselo con calma, cuando encuentren las palabras me comentan el motivo de su visita.

Con un ademán de manos nos invitó a sentarnos. Me senté y por fin encontré las palabras ahogadas entre la impresión.

Comencé educadamente a exponer el tema de nuestra visita y recalqué cada poco tiempo que no queríamos que se viese envuelto en un cotilleo tan sórdido. En los quince, veinte minutos que duró la exposición, Laura ni pestañeó.

- Entiendo. Sentenció Matías. – Acompáñenme por favor.

Matías abrió la puerta con tal fuerza que los pocos que aún no estaban pendientes de su despacho, frenaron en seco para prestarle atención. Con la voz aterciopelada que de sobra conocemos todos comenzó su disertación:

- ¡Vergüenza! Vergüenza debería darles señores de que unos simples becarios les hayan dado una lección sobre periodismo. No deberían dejarse influir por el cotilleo televisivo que nos venden.
Los rumores. – Pausa dramática que aprovechó para barrer con la mirada la redacción, – nunca pueden ser más que un hilo del que tirar. Hay herramientas como la contrastación de fuentes que permiten cerciorarse de lo veraz que es una información.
Es decepcionante que en la redacción de noticias de esta cadena a nadie se le halla ocurrido comprobar qué es verdad y os hayáis dejado arrastrar por el morbo.
Se supone que sois profesionales, ¡que vergüenza!
¡Caballeros, señoritas! A mi no me pagan para que me la chupen, yo soy un profesional. – Otra pausa que nos permitió apreciar el sonrojo de algunas mejillas culpables, - Las mamadas las dejo para mi tiempo libre. – En mi vida había visto tantas bocas abiertas, aunque no sea quizás el comentario más acertado para el caso.

Dicho lo cual y ante la atónita mirada de la redacción, Matías se dio la vuelta y con una disimulada sonrisa nos guiñó un ojo.

- Divertido, ¿eh? – Nos dijo.

El cola-cao al que me invitó después me supo a gloria. Seguro que si Laura hubiese respirado, también lo hubiera disfrutado, seguía helada como un perrillo abandonado cuando ve acercarse los faros de su final.

Lo cierto es que la aventurilla convirtió un tedioso día en un día redondo, bueno, por lo menos hasta que al volver a la redacción tuve que explicar el por qué de mi ausencia durante casi cuatro horas.

6 comentarios:

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  2. ehh mon copain, c'est très très bien; tu sais. Comme toujours, l'historie est mystérieuse et inquiétante mais... vraie ou fausse?

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  3. Interesante y novedoso. Además, creo que tiene buena construcción. Me llama la atención que hayas utilizados nombres reales, pudiera tener alguna implicación???
    Con independencia del tema, es uno de tus escritos que más me ha llamado la atención.

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  4. porke todo lo ke sean mamadas padre....;)

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  5. un buen comienzo de relato, si señor!

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